Digamos que los límites personales son esas líneas imaginarias que establecemos para protegernos física y emocionalmente, los cuales nos permiten mantener relaciones saludables con los demás.

Pero ¿Qué significa exactamente establecer un límite? Pues bien, establecer un límite implica comunicar a los demás hasta dónde puede llegar su comportamiento respecto a nosotros, comunicar qué es lo que estamos dispuestos a aceptar y qué no.

A través de los límites personales definimos en parte quiénes somos, que necesitamos de los demás y qué estamos dispuestos a tolerar, por lo que establecerlos es esencial para nuestro bienestar emocional. Por ejemplo, decidir no responder mensajes o llamadas a partir de cierta hora para dedicar tiempo a uno mismo o a la familia es un tipo de límite que nos ayuda a mantener el equilibro entre la vida personal y las demandas externas.

Cuando no establecemos límites claros, podemos abrumarnos, sentirnos resentidos o infravalorados y, como resultado, además de disminuir nuestro bienestar, nuestras relaciones pueden resentirse también. 

Indice

Dentro de nuestras relaciones existen diferentes tipos de límites, cada uno enfocado en un aspecto concreto de nuestra interacción con los demás. Podemos categorizarlos de diferentes maneras:

Límites emocionales

Los límites emocionales nos sirven para proteger nuestro estado emocional. Implican la capacidad de decir “no” cuando estamos incómodos o cuando algo no concuerda con nuestros valores o necesidades. Por ejemplo, el decidir no hablar sobre algún tema concreto con personas que no consideres lo suficientemente cercanas o que no sean de total confianza.

Límites físicos

Los límites físicos son aquellos que tienen que ver con el espacio personal y el contacto físico. Cada uno de nosotros nos sentimos cómodos o incómodos en función del espacio que necesitamos. Un ejemplo de un límite físico podría ser el preferir no ser abrazado o abrazada por conocidos y personas cercanas comunicando de forma respetuosa esta preferencia.

entre dos personas sale una señal de stop representando el establecimiento de límites en las relaciones

Límites digitales 

Con el avance de la tecnología, los límites digitales cobran especial relevancia. Involucran aspectos como la frecuencia del uso del espacio digital en presencia de otros, la privacidad dentro de las redes sociales y cómo y cuándo responder a mensajes o correos electrónicos. Un límite digital sería el decidir no usar el teléfono móvil a partir de las 8 de la tarde por ejemplo.

Límites intelectuales

Los límites intelectuales se relacionan con el respeto hacia las ideas y creencias tanto propias como de otras personas. Incluyen la capacidad de aceptar que los demás pueden tener una opinión diferente a la nuestra y que está bien tener esas diferencias. Un ejemplo de límite intelectual podría ser el evitar imponer nuestro punto de vista a otras personas sobre temas controvertidos como pueden ser la política o la religión.

Determinar y mantener estos límites nos ayuda a preservar nuestra integridad, a conseguir un bienestar emocional y también les enseña a los demás cómo interactuar con nosotros de forma respetuosa, es decir, también nos ayuda a tener relaciones más sanas.

Antes de establecer límites en nuestras relaciones, primero debemos identificar cuáles son esos límites. Por tanto, lo primero es hacer una autoevaluación reflexiva sobre lo que nos hace sentir cómodos y seguros y lo que no.

En este proceso de autoevaluación no sólo se trata de identificar lo que nos incomoda, también tenemos que reconocer y respetar nuestras necesidades tanto emocionales como físicas. Se trata de hacer un ejercicio de introspección que nos permita entender cómo las interacciones con los demás afectan a nuestro bienestar.

Tomarnos un tiempo para reflexionar sobre nuestras experiencias, tanto pasadas como presentes en súper importante en este proceso. Al revisar cómo nos hemos sentidos en distintas situaciones a lo largo de nuestra vida, podemos identificar patrones de los que puede que antes no tuviéramos consciencia. Por ejemplo, podríamos recordar ocasiones en las que nos hemos sentido agotados tras interactuar con ciertas personas o participar en ciertos eventos o situaciones. Esto podría ser un indicativo de que esas situaciones están sobrepasando nuestras capacidades emocionales.

aparece dibujada un chica con un bocadillo reflexivo que representa la reflexión relacionada con poner límites en las relaciones

Teniendo en cuenta el ejemplo anterior, si descubrimos que nos sentimos cansados después de tener una larga conversación con alguien, es importante que nos preguntemos qué está pasando ¿Será la duración de la conversación, el tema tratado, la dinámica de la relación, o hay otros factores que están influyendo? Tras identificar el factor desencadenante de ese agotamiento, es más sencillo que podamos establecer un límite concreto para proteger nuestra energía mental. En este ejemplo, podríamos decidir limitar la duración de una llamada o de una conversación, o no hablar sobre ciertos temas con esa persona.

Esta autoevaluación también implica aprender cuando decir “no”. Aprender a decir “no” a peticiones que no sean acordes con nuestras necesidades personales o con nuestros valores. Decir no, sobre todo si nunca antes lo has hecho, puede ser difícil al principio, sobre todo si hay tendencia a evitar conflictos o se teme herir los sentimientos de la otra persona. Ahora veremos como aprender a poner límites de forma asertiva.

Comunicar nuestros límites de forma asertiva es clave para hacerlo de forma eficaz, respetando tanto nuestros derechos como los de los demás:

Uso de mensajes en primera persona: los mensajes “Yo”

Cuando comunicamos nuestros límites es útil que nos centremos en n nuestros propios sentimientos y necesidades en lugar de en el comportamiento de la otra persona. Esto reduce la probabilidad de que la otra parte se sienta atacada y que, por tanto, se ponga a la defensiva. Por ejemplo, en lugar de decir “Cuando me llamas por la noche tan tarde, me molestas”, podríamos decir “Yo valoro mucho mi tiempo de descanso y prefiero no recibir llamadas a partir de las 8 de la tarde”. Esto enfatiza nuestras necesidades sin culpar a la otra persona

Sé claro y específico

Al establecer un límite se todo lo claro y especifico que puedas, evita ambigüedades que puedan dar lugar a malentendidos. Por ejemplo, si prefieres no hablar con alguien sobre tu vida amorosa, en lugar de andar con rodeos o contestando en forma de monosílabos a lo que te van preguntando, puedes decir “Me siento incómoda hablando de este tema. Preferiría mantener esos detalles en privado”.

ilustración de dos chicos hablando entre ellos, representa la comunicación de límites personales

Practica previamente

Si al ir a poner un límite a alguien anticipas que será complicado, puede ser útil practicar de antemano ¿Cómo? Puedes poner ese límite en voz alta primero para ti mismo o para ti misma y luego practicar diciéndoselo a otra persona. Esto puede aumentar tu seguridad a la hora de comunicar un límite.

Refuerza con agradecimiento

Cuando ponemos un límite, está bien reconocer y agradecer la comprensión de la otra persona, además esto puede facilitar la aceptación y el cumplimiento de ese límite. Por ejemplo, después de comunicar un límite, podrías decir “Gracias por comprender y por respetar mi necesidad de espacio”.

Estas técnicas pueden ayudarte a comunicar tus límites, asegurando que tus necesidades sean entendidas y respetadas.

Algunas veces, dependiendo de las personas, podemos recibir una reacción negativa al poner un límite. Algunas personas pueden sentirse rechazadas o atacadas y manifestar ese descontento de diferentes maneras. Aprender a manejar estas reacciones es muy importante para mantener los límites personales y tener relaciones saludables.

Mantén la calma y consistencia

Cuando recibimos una reacción negativa a un límite es importante que mantengamos la calma y que no nos dejemos llevar por la emoción del momento, ya que esto puede suponer una escalada en una discusión. Mantener un tono de voz sereno y reafirmar tus límites de forma consistente comunica que tus decisiones están bien reflexionadas y que no son negociables a pesar de la presión. 

Por ejemplo, si alguien insiste ante un límite, podrías responder con firmeza “Entiendo que esto es importante para ti, pero como te he dicho, esta es mi posición al respecto”.

Escucha activamente

A veces, las reacciones negativas ante un límite vienen porque la persona a la que se le pone el límite no se siente escachada o comprendida. Escuchar activamente puede hacer que la otra persona se sienta comprendida, lo que puede reducir la tensión. Podrías, por ejemplo decir “Si no me equivoco, te molesta que te haya dicho esto ¿Me explicas el motivo? Querría entender mejor tu perspectiva”.

ilustración de un chico escuchando, lo que refleja la importancia de la escucha activa a la hora de poner límites en nuestras relaciones

Proporciona razones claras si es necesario

A veces, explicar el motivo de tus límites también es necesario para que la otra persona pueda entenderlo mejor. No tienes porqué justificar tu decisión, pero darle un contexto puede ayudar a que se comprenda y suavizar la recepción de ese límite. Por ejemplo, pongamos por caso que decides no participar en actividades en con tus amistades a partir de las 7 de la tarde, podrías decir “Necesito descansar bien ya que tengo que hacer cosas temprano, por este motivo no puedo unirme a actividades con vosotros a partir de esa hora”.

Ofrece alternativas si es posible

Cuando ponemos un límite, proponer alternativas puede ser una forma efectiva de manejar las reacciones negativas ya que muestra una voluntad de mantener la relación al mismo tiempo que mantienes tus límites. Por ejemplo, si un amigo se siente molesto porque no puedes acompañarte a una actividad que te resulta agotadora, podrías sugerir otra actividad que sea menos exigente para ti.

Refuerza tus límites con acciones

Si llega el extremo en el que la persona no respeta tus límites tras haberlos marcado, puede ser necesario reforzarlo con acciones, lo que podría significar, en algunos casos, el distanciarte física o emocionalmente hasta que la otra persona esté dispuesta a respetar esos límites.

En conclusión, estar preparados para manejar las reacciones negativas con calma y consistencia es esencial para reafirmar nuestros límites y proteger nuestro bienestar emocional.

Escrito por Esther Blázquez Álvarez, psicóloga en Epsiba Psicología en Salamanca y psicóloga online mediante videoconferencia.

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