¿Qué es la empatía?

La empatía puede definirse como la capacidad de ponerse en el lugar de los demás. Forma parte de la inteligencia emocional y está formada por componentes cognitivos y afectivos.

¿Para qué sirve la empatía?

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A través de la empatía, logramos comprender la perspectiva de otras personas llegando a conocer cómo piensa o cómo se sienten los demás. También nos permite entender las intenciones de los demás y adelantarnos a sus reacciones o comportamientos.

El interés por la empatía no es nada nuevo, ya en el siglo XVIII Robert Vischer utilizó el término “Einfühlung” para referirse a una proyección de los sentimientos que facilitaría la compenetración entre dos seres.

¿Se puede desarrollar la empatía?

La empatía es el nombre que damos a un conjunto de procesos que permiten que conectemos a nivel emocional, cognitivo, afectivo y experiencial con otras personas.

El mecanismo de la empatía es posible gracias al funcionamiento de ciertas estructuras cerebrales como la corteza prefrontal, temporal, la amígdala y otras estructuras límbicas.
Sin estas estructuras no podríamos formar una teoría acerca del estado mental de nosotros mismos o de otras personas, que es lo que permite que finalmente entendamos otras perspectivas.

En condiciones normales, todos podemos desarrollar la capacidad de empatizar. Para algunas personas es más fácil y a otras les resulta más difícil y les requiere más esfuerzo el llegar a comprender ciertos aspectos que nunca se han dado en su vida o, que aunque se hayan dado, no les han afectado de la misma manera.

Todo es sus extremos es desadaptativo:

Si siempre nos ponemos en el lugar de los demás puede llegar un punto en el que ignoremos nuestras propias necesidades y esto nos afecte a nuestro bienestar.

 

Y al contrario, si no conseguimos detectar como nuestras acciones afectan a los demás también podemos tener problemas.

Hay ciertas condiciones o estados mentales en los que estas estas estructuras se ven alteradas y por tanto no funcionan correctamente, como en la depresión, pero una vez recuperado de ese estado, la capacidad de conectar con los demás retoma su normalidad.

Actualmente es un concepto bastante investigado debido a su complejidad e importancia en muchos trastornos como la depresión, la ansiedad, algunos trastornos de personalidad, los trastornos del espectro autista o la conducta violenta, entre otros.

Tipos de empatía:

Algunos teóricos defienden que la empatía es una capacidad que puede tenerse o no, e incluso aprenderse. Además, diferencian entre tres tipos de empatía: la empatía cognitiva, la empatía emocional y el interés o preocupación empática.

Empatía cognitiva

La empatía cognitiva se refiere a la capacidad de comprender la forma de pensar de otra persona.
Este tipo de empatía surge gracias a la toma de conciencia de uno mismo, es decir, cuando analizamos los pensamientos que surgen en nosotros mismos y somos capaces de ver qué emoción o sentimiento nos generan. Ese mismo mecanismo al aplicarlo a los demás, permite que podamos comprender el punto de vista de otra persona.

Empatía emocional

La empatía emocional permite que uno conecte con las emociones de los demás. Por ejemplo, cuando alguien nos dice que ha fallecido un ser querido y también nos sentimos tristes. El conocimiento de las propias emociones y sentimientos permite que podamos sintonizar con la emoción de la otra persona.

Interés empático

El interés empático, relacionado con el anterior, permite que sepamos qué es lo que quiere o necesita de uno mismo otra persona.

El interés preocupación empática puede generar sufrimiento si no sabemos gestionarlo, si creemos o, sentimos a modo de impulso, que debemos atender las necesidades de todas las personas que nos importan, acabaremos sintiéndonos desbordados y agotados mentalmente, incluso pudiendo desarrollar sentimientos asociados con la ansiedad o depresión.

Empatía o Simpatía ¿Cuál es la diferencia?

Al escuchar que alguien simpatiza con una ideología o con una persona entendemos que comparte creencias, deseos, objetivos o gustos personales con aquello que simpatiza.

Si decimos que alguien es simpático, nos referimos a que es agradable estar con esa persona y seguramente nos resulta agradable porque presenta ciertas características con las que nos identificamos o que nos parecen positivas en una persona.
Pero simpatizar con alguien no implica comprender a la persona.

Cuando una persona simpatiza, hace suyo el estado emocional del otro, introduce la emoción de la otra persona en sí misma, ya sea porque le recuerda alguna situación que pasó hace un tiempo o porque piensa como se sentiría él mismo si estuviera atravesando esa situación, pero desde su punto de vista, no desde el punto de vista del otro.

Sin embargo, cuando empatizamos con alguien entendemos cómo se siente la otra persona. Una persona que empatiza con otra, conecta con el estado emocional del otro, lo comprende, llega a conocer las creencias de la otra persona, cómo funciona su mundo interior y como el mundo exterior le afecta.

Conclusión:

La empatía tiene una función de adaptación a nivel social, permite conectar con los demás, comprendiendo el mundo interno de otras personas.
Se puede deducir que comprender al otro facilita la mejora y el mantenimiento de vínculos en las diferentes relaciones sociales.

La empatía es un factor clave a la hora de establecer y mantener vínculos con los demás

Cuando una persona empatiza con otra la probabilidad de que se den conductas violentas es menor, la capacidad de perdonar aumentar y el rencor disminuye.

Para algunas personas comportarse de forma empática es como un impulso, a otros les cuesta ponerse en la piel de los demás sin pensar en sí mismos, por lo que no llegan a entender como una persona puede llegar a reaccionar de una forma ante una situación que a ellos no les generaría esa misma reacción.
Pero el hecho de que les resulte difícil no quiere decir que no puedan desarrollar un mayor nivel de empatía.

El nivel de empatía, ser más o menos empático, depende, según los estudios más actuales, de varios factores como la genética, la formación de áreas del cerebro o la química cerebral, que no es siempre la misma. Así mismo, el contexto donde nos desarrollamos influye y modifica, educa como quien dice, esta capacidad.
En general, podríamos decir que el nivel de empatía varía a lo largo de la vida debido a la interacción de factores biológicos, psicológicos y ambientales.

Escrito por Esther Blázquez Álvarez, psicóloga en Epsiba Psicología

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