Problemas de convivencia

Convivir con personas que tienen un carácter difícil, que no aceptan sus errores, que te dicen que el problema lo tienes tú, etc, puede hacerse algo pesado, llegar a irritarnos o agotarnos mentalmente, hasta el punto en el que pensamos que lo mejor es abandonar la situación, toca cambiarse de piso.

A casi todos nos ha tocado enfrentar este tipo de situaciones, a veces, más de una vez.

Los problemas más comunes a la hora de compartir piso

Pensar que los compañeros deben saber que es lo te molesta.

Cuando damos por hecho que algo que nos molesta a nosotros, también le molesta a los demás, lo que realmente estamos haciendo es pedir que nuestros compañeros de piso nos lean la mente.

Además dar por sentado que todo el mundo se siente molesto ante las mismas situaciones que nosotros podría equipararse a pensar que si a ti te gustan las lentejas a tu compañero también.

Compartir piso con amigos de toda la vida

Si los compañeros o compañeras de piso son personas a las que conocemos de toda la vida, podría ser normal pensar que como nos conocen deberían saber qué es lo que nos molesta.

Pero no.

Tal vez sí, tal vez te conozcan porque llevas muchos años compartiendo momentos con ellos, pero a parte de en las vacaciones, donde realmente no tienes nada serio que hacer, como estudiar o trabajar, donde no pasa nada si se hace una fiesta que dura hasta las tres de la mañana porque no hay que madrugar.

¿Has convivido con ellos en un ambiente donde se tienen responsabilidades?

Solución: Comunicar que es lo que te sienta mal, que a veces se convierte en otro problema

No saber comunicar lo que te molesta

Lo más sencillo sería comunicar de forma directa lo que nos molesta, formular una queja: decir qué y por qué nos molesta y proponerle una forma de llevar a cabo eso que queremos que cambie:

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Situación que molesta:
Cuando ayer fui a poner la lavadora, me encontré con tu ropa dentro y esta mañana sigue ahí.

Cómo te hace sentir o por qué te supone un problema:
Quiero poner mi ropa a lavar y, claro con tu ropa ahí, no puedo poner la lavadora.

Propón una solución:
Cuando tengas un momento podrías sacarla.

Agradece:
Por favor / Gracias.

 

 

 

Esperar a que adivinen qué nos ocurre

Sin embargo, a veces esperamos que los demás se den cuenta de que hay algo que nos molesta, y como eso no ocurre, reaccionamos mandando la queja de cualquier forma, menos de forma directa.

El mensaje que queremos entregar tiene un contenido: me molesta “x” cosa, por favor ¿Te importaría…?
Pero ese mensaje a veces lo damos de otras formas no tan directas, esperando a que al fin, el compañero o compañera de piso se dé cuenta de que es lo que queremos transmitirle.

Las formas comunicar la molestia de forma indirecta pueden ser varias: en forma de venganza, de evitación, de malas caras, etc.
Esas formas conllevan mucho más esfuerzo, frustración y agotamiento, que si lo comunicamos de forma directa.

De hecho, si esperamos a que la otra persona capte el mensaje que queremos mandarle, puede que acabemos reaccionando de forma agresiva. Pongo un ejemplo:

Imagina que en tu piso uno de tus compañeros no se da cuenta de que, por ejemplo, el que esté cocinando con la puerta de la cocina abierta te molesta porque no te gusta nada que se te peguen los olores a la ropa o al pelo.

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Ponte en la situación de que no dices nada porque crees que acabará dándose cuenta, ya que piensas que lo normal es que a las personas les guste oler a perfume y no a comida.

¿No crees que estás proyectando tus preferencias a los demás?
Puede que sí.

Así que, si al chico o chica resulta que le encanta el olor a comida, no se dará cuenta de que a ti molesta.
Tu compañero podría pensar lo mismo, que a ti también te gusta porque piensa que lo normal es que el olor a comida resulte apetitoso y agradable. No se da cuenta de que tu punto de vista es otro.

Si esa situación dura más tiempo, llegará un momento en el que además empieces a sacar más defectos a sus actuaciones y hasta a él o ella como persona, y a la hora de comunicarlo, la forma sea un tanto agresiva:

Ya no darás solamente el mensaje de la molestia sobre el olor a comida, sino que también le criticarás y puede que acabes insultándole dando lugar a una “pelea” entre compañeros de piso.

Sin embargo, de la otra forma, si hubiéramos expresado la molestia de forma inicial, no hubiera habido ninguna discusión de ese tipo.

Creo que el raro soy yo…

A veces puede ocurrir lo contrario, que pensemos que nos molestan cosas que no son normales y por ello no lo expresemos, ni cuando la situación hace que uno se sienta desbordado.
Al final te desbordas, pero sigues sin comunicarlo y ese malestar se queda dentro expresándose en forma de evitación: salir de la habitación lo menos posible, comer en la habitación, ducharse en casa de un amigo…

Solución: Si fuera tu compañero o compañera al que le sienta algo mal ¿No sería más conveniente que te lo dijera desde el principio en lugar de que un día estallase y te gritara o se fuera del piso sin decir nada y sin que tú supieras el motivo?
Aunque pensemos que lo que nos molesta no es muy común, que es que son manías nuestras y que deberíamos cambiarlas, es mejor comunicar desde el principio algo que nos molesta, aunque después decidamos cambiar algo en nosotros mismos.

Yo no tengo el problema, el problema lo tiene mi compañero

También puede ocurrir que le comuniques lo que te molesta y que aún así las cosas no cambien.

Puede darse el caso de que a tu compañera/o le cueste realizar esos cambios porque le suponen el ser consciente de cosas que antes hacía automáticamente. Todo cambio requiere de esfuerzo y tiempo.

Si esperas que los cambios se produzcan desde el momento en el que realizas tu queja, acabarás pensando que a tu compañero le da igual cómo te sientas tú dentro del piso y que sólo piensa en su bienestar.

Dale tiempo e insiste si es necesario, proponle alternativas. Tampoco hagas por él lo que te molesta que no haga, como fregar sus platos, limpiar el baño o sacar la basura.

¿Me cambio de piso?

Si cada vez que tuvieras un compañero o compañera de piso con el que no congeniaras te tocara mudarte, acabarías pensando que el problema eres tú. Y a veces, no es que uno sea el problema, sino que no sabe cómo gestionar las dificultades que pueden surgir en un piso compartido.

¿Quién te dice que con esos nuevos compañeros, sean ya conocidos o no, vas a estar totalmente a gusto?

El proceso podría volver a repetirse, por eso la solución no siempre es mudarse, aunque, evidentemente, hay situaciones en las que sí es recomendable.

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Situaciones en las que es recomendable cambiar de piso:

Cuando tu compañero no paga su parte del alquiler

Puedes llevarte muy bien con tu compañero, pero eso no implica que tengas que pagarle el alquiler, ni las partes de los gastos que le corresponden pagar.

Está bien que intentes buscar con él o ella una forma en la que conseguir ese dinero, pero si no hay una alternativa posible, no es conveniente que pagues su parte. Nadie te asegura que el resto de meses sí pueda pagarla.

Una posible solución es avisar al propietario del piso de lo que ocurre y ver qué propone. Si esa situación se repite mes tras mes, os acabarán cortando internet, la luz, el gas, etc.
Entonces tendrás que tomar una decisión: comunicarle a tu compañero que vas buscar otro compañero de piso, o decirle que te vas a otro piso con otros compañeros.

Al final, la situación que tenemos en casa, acaba afectando a nuestros estudios y a nuestro trabajo. Si llegas a casa y tienes la presión del pago de tu compañero encima, no tienes agua caliente, ni otros recursos básicos, la situación afectará al resto de tus facetas vitales.

Cuando vives en una cárcel:

Hay casos en los que compartir piso puede convertirse en una especie de cárcel.

Cada vez que sales de la habitación parece que recibes malas miradas, risas de tus compañeros y otros menosprecios. Así que decides aguantar en tu habitación la mayor parte del tiempo o sólo ir a casa a dormir.

Pregúntate si merece la pena aguantar y no poder disfrutar de un lugar donde puedes descansar, comer, ducharte, ver la TV, etc. Todos tenéis los mismos derechos y deberes dentro de un piso compartido.

Cuando las discusiones son constantes:

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Al principio parecía que todo iba a ir bien, tenéis confianza, os contáis un poco vuestra vida, miráis programas juntos e incluso a veces salís juntos a hacer la compra.

Pero un buen día, alguno se cansa de algo, haya o no comunicado anteriormente que es eso que le molesta y empiezan las quejas.

Ambos se echan cosas en cara, y deciden seguir compartiendo piso pero que cada uno haga su vida. Se ponen limites, pero no se respetan y cada vez que esos límites se traspasan surge una discusión.

Cada vez que hay una discusión, esta es más fuerte.

Si las cosas se han intentado arreglar, pero no hay ningún cambio y eso no te permite estar a gusto, ni siquiera os ponéis de acuerdo en quien tiene que marcharse del piso, opta por acabar tú con esa situación. Tal vez sea hora de cambiar de piso.

Escrito por Esther Blázquez Álvarez, psicóloga en Epsiba Psicología.

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