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Blog de Epsiba Psicología: Esther Blázquez Álvarez, psicóloga en Salamanca

tipos de apego

Tipos o estilos de apego

El tipo o estilo de apego que desarrollamos durante nuestra primera infancia es muy importante ya que ese estilo de apego que establecemos influye en el modo de interactuar con el ambiente en el que nos movemos, así como en la forma en la que nos relacionamos con los demás tanto a nivel de amistad como de pareja y también afecta a nuestra capacidad de regular las emociones en la vida adulta.

¿Qué es el apego?

El apego en general hace alusión a la forma en la que interactuamos con aquellas personas con las que establecemos vínculos emocionales profundos. El primer vínculo que creamos en nuestra vida es con las figuras que nos prestan ese primer cuidado, lo habitual es que sea con nuestra madre o nuestro padre, por tanto podríamos definir el apego como el vínculo que se crea entre el bebé y su cuidador o cuidadora principal. 

apego

En función a como sean esas primeras experiencias con el ambiente que nos rodea, las cuales vienen determinadas por la figura del cuidador o cuidadora principal, creamos una forma de ver el mundo y de interactuar con él. Según se desarrolle esto, en base a la teoría del apego de Bowlby podemos encontrar 4 tipos o estilos de apego: el estilo de apego seguro, el apego ansioso y ambivalente, el apego evitativo o el apego desorganizado.

¿A qué edad se establece el apego?

Podría decirse que el desarrollo del apego va desde el momento en el que nacemos hasta aproximadamente los 3 años. Sin embargo, el tipo de apego puede cambiar a lo largo de toda nuestra vida en base al tipo de relaciones que establezcamos. El estilo de apego que adquiramos durante la infancia puede verse influido en relaciones posteriores, con amigos o la pareja por ejemplo.

Tipos de apego

Estilo de apego seguro

El estilo de apego seguro lo desarrollan niños en los que sus cuidadores están disponibles para ellos cada vez que lo necesitan y donde además esa atención es rápida, es decir, se desarrolla en ambientes donde habitualmente el bebé está atendido: el bebé llora y la mamá, el papá o su cuidador o cuidadora principal acuden rápidamente para ver qué ocurre y suplir la necesidad del bebé. Además de cubrir las necesidades de tipo fisiológico, como el hambre, los cuidadores principales socializan con los bebés, les dan caricias, muestras de amor, hablan con ellos…en definitiva, les dedican tiempo.

De este modo el bebé siente que sus necesidades con esta o estas figuras principales están cubiertas y por tanto se siente cuidado y seguro. Sabe que si algo le ocurre, alguien acudirá para hacerle sentir mejor.

La consecuencia que tiene el haber desarrollado un tipo de apego seguro en la primera infancia es que el niño o niña acaba desarrollado un concepto positivo sobre su propia persona, además suelen tener una mayor estabilidad emocinal. Son niños que muestran mayor seguridad a la hora de explorar su entorno, aunque en un inicio puedan echar de menos al cuidador o cuidadora principal, esa inseguridad que les genera la ausencia del padre o la madre, no suele durar mucho tiempo y acaban por adaptarse y relacionarse bien en situaciones novedosas.

estilo de apego seguro

Estilo de apego ansioso y ambivalente

El tipo de apego ansioso o ambivalente aparece en niños en los que sus cuidadores principales han suplido sus necesidades y les han prestado atención de forma intermitente, a veces se cubren esas necesidades de forma rápida, otras veces no. 

Se desarrolla en niños en los que, por ejemplo, se han dado situaciones en las que han estado 15 minutos llorando hasta que aparecen los padres y les atienden. Imagina por ejemplo que es de noche y los padres tienen la idea de que si van cada vez que llore no aprenderá a dormir del tirón nunca ¿Qué ocurre aquí? Pues que el bebé llora ya sea porque tiene hambre, porque necesita el calor de su mamá o su papá o porque necesita que le cambien el pañal. Al rato se asoma la madre o el padre por la puerta y con 6 meses que tiene el bebé le dice: “tienes que dormir” y con las mismas se vuelve al sofá a ver una película. Igual si vuelve a llorar 3 veces más o no deja de llorar durante 20 minutos, ya van los padres y le cogen, le dan afecto, tratan de calmarlo, etc.  

El problema es que el bebé lo que aprende es que sólo a veces sus necesidades están cubiertas.

Esto acaba dando lugar a niños y niñas con una inseguridad y ansiedad elevadas ya que no saben qué ocurrirá si necesita algo de sus cuidadores, lo que puede traducirse en angustia ante situaciones en las que tengan que estar sin esas figuras de apego pudiendo aparecer expresiones de rabia, enfado, llanto incontrolado. 

Estilo de apego evitativo

El estilo de apego evitativo se da en niños en los que hay poco contacto con las figuras de cuidado principales, son padres que se muestran distantes. Los padres o cuidadores pueden cubrir las necesidades fisiológicas del bebé pero no las afectivas. Son padres o cuidadores que no le dan mucha importancia a la parte emocional del niño. Cuando el bebé llora por ejemplo, acaban por atenderle pero de forma directa para darle de comer, cambiarle el pañal, pero sin tener habitualmente en cuenta las necesidades emocionales o sociales del bebé.

Un niño con este tipo de apego suele tener pobre conciencia de sus emociones, incluso reprimirlas. Habitualmente aparentan ser niños o niñas bastante independientes y con bastante autonomía, pero no porque hayan aprendido que alguien si ocurre algo va a estar ahí, sino que han entendido que tienen que afrontar ciertas situaciones sin apoyo. Un comportamiento que caracteriza también a los niños con este tipo de apego es que no suelen llorar cuando desaparecen las figuras principales ni tampoco reaccionar emocionalmente en el reencuentro.

Estilo de apego desorganizado

El estilo de apego desorganizado aparece en niños criados en un ambiente de negligencia, en hogares que tienen un funcionamiento desadaptativo en los que atienden de forma irregular las necesidades de alimentación o higiene y donde el contacto con los cuidadores principales es casi nulo. Suele aparecer en ambientes de crianza donde hay adicciones, malos tratos físicos o emocionales o carencias económicas, entre otras condiciones.

Las características comportamentales de este tipo de apego se manifiestan en bebés que tienen, como su nombre indica, un comportamiento desorganizado, no saben como reaccionar ante ciertas situaciones, por tanto muchos acaban colapsando. Por ejemplo se ve en niños que al ver aparecer su figura materna se levantan, se vuelven a sentar, evitan con ella el contacto ocular o al ver a esa figura de cuidado principal se hacen un ovillo y se abrazan a sí mismos o incluso lloran. 

Las cosecuencias de desarrollarse en un ambiente de este tipo pueden ser diversas, pero evidentemente, no son positivas. Son niños que acaban aprendiendo a sobrevivir de forma muy temprana por su cuenta, les suele costar empatizar con los demás, podría decirse que tienen muy baja inteligencia emocional, y se mueven por supervivencia. Con esto quiero decir, que, no siempre, pero en muchas ocasiones acaban por tener comportamientos delictivos desde muy pequeños.

La importancia del apego en la primera infancia

Como podéis ver el cuidado y la atención que nos brindan en la primera infancia es determinante. Influirá en la idea que tengamos sobre cómo “deben” querernos, qué comportamientos de la otra persona implica que me quiere, qué es lo normal cuando alguien te quiere…Y esto es muy importante luego en las primeras relaciones de pareja, también de amistad, pero a mi punto de vista sobre todo en el ámbito de la pareja, ya que aceptaremos muchas veces conductas que no son normales, como normales en función a lo que hayamos recibido nosotros de las figuras para las que, supuestamente, somos lo más importante.

Por tanto, es muy importante tener en cuenta las necesidades de los pequeños y no sólo las de comida o higiene, tenemos que atender las necesidades emocionales de los bebés para que se sientan recogidos, seguros, desarrollen una buen concepto de sí mismos y una buena gestión emocional en la vida adulta.

Escrito por Esther Blázquez Álvarez, psicóloga en Epsiba Psicología

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1 Comment

  • Adriana

    Muy bien esther

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