Los trastornos de personalidad tienen en común la presencia de un patrón cognitivo-comportamental tan rígido y estable en el tiempo que resulta desadaptativo a la hora de relacionarse tanto con uno mismo como con los demás.

En este caso, voy a referirme al trastorno de personalidad por evitación, en el cual predominan los síntomas ansiosos debido al temor a ser herido, a fracasar o a ser rechazado.

Ese temor provoca que la persona desarrolle estrategias compensatorias de evitación a nivel cognitivo, afectivo y conductual.

Fobia social y trastorno de personalidad por evitación

Como se puede intuir, el trastorno de personalidad por evitación tiene en común con la fobia social el temor al rechazo y el miedo a la evaluación por parte de los demás.

A diferencia de en la fobia social, en el trastorno de personalidad por evitación no se tiende sólo a evitar la situación temida como ocurre en la fobia social, se evitan también los pensamientos, imágenes mentales y afectos o emociones relacionadas con la situación temida con el fin de eliminar cualquier indicio de que uno puede ser rechazado, herido o ridiculizado.

Características del trastorno de personalidad por evitación

Las personas con un trastorno de personalidad por evitación se auto-desaprueban a sí mismas.  
Se creen inferiores al resto de las personas y creen que cometen fallos que los demás nunca cometerían.

Como se desaprueban a sí mismas, están convencidas de que los demás no les van a aceptar con todos esos defectos que auto-atribuyen .
Por esto, el primer pensamiento que tienen cuando conocen a alguien es que les van a rechazar por ser como son, por no estar a la altura.

Debido a esa baja concepción de uno mismo, tienen miedo de fallar a los demás, de no cumplir las expectativas que otros ponen en ellos. 
Así, acaban evitando actividades que puedan confirmar esta idea o creencia acerca de sí mismos: se perciben como personas ineptas, torpes o inadaptadas.

Siempre intentan agradar a los demás, lo que supone un esfuerzo enorme ya que muchas veces hacen cosas que no desean con el fin de hacer que la otra persona se sienta agradecida y a gusto a su lado. 

Este tipo de comportamientos, junto a un rechazo y un intento de ocultar su personalidad a los demás, acaba generando ansiedad.

Las personas con este trastorno están constantemente pendientes de no cometer ni un fallo y de que los demás estén a gusto con ellos, lo que provoca una auto-exigencia muy elevada.
Sin embargo, si experimentan ansiedad, enfado, tristeza, o cualquier emoción que pueda hacerles sentir débiles o no aptos para afrontar una situación , les parece extraño y creen que sólo ellos tienen esas emociones y esos síntomas y que las tienen porque son raros, ineptos, torpes o socialmente débiles.

Ese miedo a perder los papeles y que se note que están experimentando emociones «no permitidas» en una situación concreta, provoca que estas personas traten de suprimir pensamientos, imágenes o afectos que se relacionen con esas emociones.

¿Por qué surge este tipo de personalidad evitadora?

Las personas con un trastorno de personalidad por evitación no se inmiscuirán en una actividad o en una relación hasta estar completamente seguros de que todo saldrá bien.

Cuando se encuentran con otras personas experimentan sentimientos de inadecuación y, como ya he mencionado, hasta esos sentimientos de inadecuación tratan de suprimirlos. 
Tratan de evitar todo tipo de emociones, desde la alegría extrema, hasta la tristeza, por miedo a que experimentan cambios emocionales no les permita comportarse de forma adecuada y no puedan estar a la altura de lo que piensan que exige la situación.

Este tipo de comportamiento surge a partir de la concepción que la persona tiene de sí misma, se percibe como una persona inútil e incompetente en todos los ámbitos: social, familiar y laboral.

Ve a los demás como personas potencialmente críticas y no sería raro que interpretasen un elogio como un intento de insulto u otro tipo de ofensa.

Las creencias centrales de este trastorno son las de ser diferente, raro, torpe, sentir que uno no vale para nada, que no merece algo, que no puede con emociones desagradables, etc.

Esas creencias centrales dan lugar a supuestos condicionales del tipo: si soy torpe no podré hacer bien ese trabajo. Y el miedo hace que aparezcan las estrategias para afrontarlo, en este caso la evitación.

Un ejemplo de caso de trastorno de personalidad por evitación

Un chico se traslada de ciudad porque le han contratado en una gran empresa, pero realmente el está convencido de que no es él el que merece ese trabajo y que los demás miembros de la empresa se van a dar cuenta de que no es apto, de que no vale para ese trabajo.

Para evitar que los demás se den cuenta de que él no vale para ese trabajo ha pensado que lo mejor es evitar que le conozcan realmente tratando de no acercarse mucho a sus compañeros de trabajo.

Piensa que si se acerca a ellos, le conocerán y verán como es en realidad. Cree que si ven como es en realidad, le rechazarán y entonces podrían despedirle del trabajo.

¿Cuándo pedir ayuda?

Normalmente las personas que tienen un trastorno de personalidad por evitación no piden ayuda por el trastorno en sí, lo hacen por los síntomas que esta forma de pensar o de comportarse conlleva: ansiedad, síntomas depresivos, abuso de sustancias como ansiolíticos u otras sustancias que les ayuden a soportar situaciones a las se enfrentan, falta de objetivos o de progresos vitales, etc.

La razón por la que no se acude para tratar el trastorno de personalidad en sí, sino esos síntomas asociados, es porque es trastorno no se concibe como tal ya que la persona lo concibe como una forma de ser.

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